-¡Eres un hijo de puta! Menudo cabrón, yo esperándote en la puerta y tú mientras...
-Pero Luis, tío, si no estamos haciendo nada malo.
-¡Y encima lo niegas! Vete a tomar por culo.
Era el tercer partido de la temporada del equipo de Iván, el segundo en casa. Luis había madrugado para verle jugar por primera vez, aunque no había podido convencer a nadie más para que le acompañara. Quedaba un tanto sospechoso el que tuviera tanto interés por ver un intranscendente partido de............. un amigo, pero en vista de que se habían hecho íntimos en poco tiempo, a nadie le había sonado muy raro. Ya había habido alguna broma al respecto, pero habían sabido lidiar con ellas de la mejor forma.
El partido no había ido mal para el Los Tilos. Jugaban contra el filial cadete C de un equipo de Primera División, lo cual solía ser sinónimo de derrota estrepitosa. Por suerte, habían hecho un buen partido y habían logrado empatar a dos goles. La aportación de Iván no había sido muy significativa, aunque había jugado de titular todo el encuentro. Había estado correcto, pero poco inspirado. Aún le faltaba un poco de práctica para poder adaptarse al juego del equipo.
Donde sí había logrado compenetrarse más con sus compañeros era fuera del campo. En apenas unas semanas ya charlaba con todo el mundo, incluso había hecho buenas migas con Miguel y con Unai, el capitán del equipo. Había sido Iván quien se había arrimado a ellos, sobre todo porque seguía obsesionado con el pollón que gastaba Miguel, y poco a poco se estaban haciendo inseparables dentro del vestuario.
Iván procuraba no hablarle mucho a Luis de sus nuevos amigos dentro del equipo, en vista de que se ponía celoso con facilidad. Cada vez que comentaba algo de Miguel, Luis ponía cara de pocos amigos, así que Iván había optado por no decirle nada. Por ejemplo, le había ocultado que tras el partido de la semana pasada, unos cuantos habían acabado haciéndose una paja grupal en las duchas, por sí acaso. Él lo veía lo más normal del mundo, tanto Luis como él mismo lo habían hecho antes de liarse, pero sabía que contarlo podría provocarle problemas.
Tras el partido, llegaba el momento que Iván llevaba esperando toda la semana: la ducha. Una amalgama de pollas iba a desfilar ante él tan pronto como llegaran al vestuario. Saludó empapado en sudor a Luis y le dijo que le esperara para volver a casa juntos. Rodeados por un buen número de padres y amigos de los jugadores de ambos equipos, no era momento para carantoñas ya tendrían tiempo después.
Se desnudó con tranquilidad, dejando que el resto hiciera lo mismo para poder aprovechar el momento de máxima afluencia en las duchas. En el mejor de los casos, alguien se pondría a presumir de que iba a follarse a algún pivón esa noche y acabarían todos con el rabo en la mano. Pero no había habido demasiada suerte, y al jugar en casa, más de uno y más de dos habían decidido irse a duchar a casa. Cuando se quiso dar cuenta, solo quedaban tres en el vestuario: Miguel, Unai y uno de los defensas titulares del que Iván aún no se había aprendido el nombre.
Fuera como fuera, el otro chico se duchó a toda prisa e Iván se quedó solo en el vestuario con Miguel y Unai. Era la ocasión perfecta para intentar algo, lo complicado era saber hasta que punto estarían ellos a llegar, sobre todo estando acompañados. Si algo había aprendido en su escasa experiencia sexual era que un chico hetero estaba dispuesto a dejarse hacer casi cualquier cosa para aliviar sus necesidades siempre y cuando estuviera seguro de que nadie pondría en duda su sexualidad. Siendo dos era más fácil guardar el secreto, tres eran ya demasiados testigos. Por eso, lo de intentarlo con los dos al mismo tiempo tenía cierto grado de dificultad que lo hacía más interesante.
-Joder Miguel, algún día me tienes que explicar que coño comes para tener la polla así... –Dijo Iván, tratando de sacar el tema.
-No sé, pero vamos, si lo supiera me iba a forrar vendiendo el secreto. –Respondió Miguel entre risas.
-Ya te digo, el cabrón la tiene como un caballo. –Apuntó Unai, que nunca escatimaba un comentario sobre el aparato de su amigo.
-¿Dura cuanto te mide?
-Veinte centímetros. Y yo creo que todavía me tiene que crecer más, mi padre dice que hasta los 18 años a él le siguió creciendo.
-O sea, que es cosa de familia... –Dijo Iván.
-Que va, si ya la tengo más grande que él. Yo creo que en el fondo le jode.
-¿Y las tías que te dicen? ¿O no te la ha visto ninguna?
-No. –Dijo Miguel con sinceridad. Tampoco le gustaba alardear, y mucho menos ir de fantasma.
-Pues el día que te la vea alguna vas a tener a todas sus amigas detrás. –Dijo Iván muerto de risa.
-¿A ti tampoco te la ha visto ninguna tía, Unai? –Preguntó Iván, procurando que la conversación siguiera tratando de sexo.
-No. Bueno, sí, pero no.
-¿Y eso como coño es?
-Pues a ver, que al natural no me la ha visto ninguna, pero que por la cam si.
-Joder tío, ¿y se la vas enseñando el rabo a la gente por la cam sabiendo la de degenerados que hay por el mundo? –Saltó Miguel, que por lo visto no estaba enterado de esos asuntos.
-Joder, ya lo sé, solo la pongo si la tía me la ha puesto también.
-¿Y enseñan algo ellas? –Preguntó Miguel.
-Depende, hay veces que solo las tetas, y otras que te enseñan todo. Pero la mayoría no quiere. –Explicó Unai, dándoselas de entendido en la materia.
-¿Y no has quedado con ninguna?
-Que va, eso nunca quieren. Además que es difícil encontrar a una que viva cerca...
-Joder, pues ya me pasarás el Messenger de alguna, cacho cabrón, a ver si a mí también me ponen la cam... –Dijo Miguel, apuntándose finalmente al carro.
-Y a mí, y a mí... –Añadió Iván, intentando no delatarse.
-Ni de coña tíos, si se enteran me la cargo. Si queréis guarras, os las buscáis vosotros...
-Vale, vale... Ya querrás tú algo... –Dijo Miguel.
-Pero vamos, ¿qué a ninguno de los dos os han hecho nunca ni una paja? –Preguntó Iván, tratando de que no se desviara demasiado el tema.
-Pues a mí por lo menos no, y a éste creo que tampoco, porque me lo habría contado. –Respondió Unai.
-Pues no, a mí tampoco. ¿Y a ti te ha pajeado alguna tía? –Le dijo Miguel a Iván.
-Bueno, precisamente una tía no... –En vista de las caras raras, Iván siguió explicando. –A ver, no penséis nada raro. Un día estaba viendo una peli porno en casa de un amigo y me dijo de hacérmela él a mí y yo a él, pero nada más. –Lo del \"nada más\" no era del todo cierto, pero era preferible hacerlo pasar simplemente como un juego entre hetero. –Sin mariconadas, no penséis mal.
-Ya, ya, pero aún así no sé...
-Pues es la polla, nunca mejor dicho. Mucho mejor que hacértelas uno mismo.
-Ya, si no te digo que no, pero con un tío...
-¿Queréis probar? –Dijo Iván, dándose cuenta enseguida de que había ido demasiado rápido.
-¿Ahora? –Dijo Unai.
-No sé, yo lo he dicho por decir. –Reculó Iván.
-Por mí sí, que llevo desde el jueves sin cascármela y además me apetece probarlo, a ver si es verdad que es mejor. –Dijo Miguel.
-Yo sí vosotros queréis a mí me da igual. –Respondió Unai. –Lo malo es que a ver como nos apañamos, que somos tres.
Aunque Iván no había previsto que todo fuese a ser tan fácil, tenía el método pensado desde hacía ya tiempo. Más de una paja había caído emulando lo que ahora iba a poder poner en práctica.
-A ver, pues nos sentamos los tres en un banco de los que hay donde las taquillas, yo me pongo en medio y os la hago a cada uno con una mano. Y mientras uno de los dos me la va haciendo a mí, ¿os parece? –Expuso Iván tratando de sonar lo más claro y aséptico posible.
-¿A la vez o nos turnamos? –Preguntó Unai.
-Como queráis, el caso es que todo el mundo reciba.
-Vale.
Se secaron y después de atrancar la puerta, tomaron asiento. Iván se sentó en el centro del banco, y Miguel se sentó a su izquierda y Unai a su derecha. Miró rápidamente a ambos como pidiendo autorización para empezar y extendió sus brazos para agarrar una polla con cada mano. Le hubieran hecho falta las dos para cubrir la de Miguel.
-Joder, qué caliente la tienes. –Exclamó Unai, que era el que empezaba con Iván.
-Y tú, a ver qué te crees.
-Uf, mola. –Señaló Miguel al notar las primeras caricias. No estaba circuncidado, así que Iván se dedicaba a bajar hasta el final la piel y luego a cubrir el glande de nuevo con cuidado. Por fin la tenía en su mano. –Un poco más rápido, anda.
-Como quieras. Eso sí, tengo que ir al mismo ritmo con los dos, que de otra forma no sé hacerlo. –Dijo Iván.
Aunque ni Unai ni Miguel lo dijeran en voz alta, ambos coincidían en la misma idea: Iván tenía razón. Aquello, pese a ser un tanto homosexual, molaba. Mejor que las aburridas pajas de siempre, las que llevaban años haciéndose casi instintivamente y que rara vez suponían más que un triste alivio solitario. Ahora no dejaba de ser mecánicamente lo mismo, pero las sensaciones se intensificaban notablemente.
Iván ya había experimentado aquella sensación más de una ocasión y casi más de cien, incluso sensaciones mucho más intensas, pero tampoco lo estaba pasando mal. Aquello de tener dos pollas a su disposición y a dos tíos en sus manos le ponía. Unai no era demasiado diestro en su pajeo, pero su imaginación y el morbo de la situación ponían el resto.
-Oye Miguel, podías seguir tú un rato, que yo me canso.
-Joder, pues sí que te cansas tú pronto. –Respondió éste. –Venga, trae...
-No os quejéis, que yo estoy a dos manos. –Bromeó Iván, que en realidad se hacía un poco la victima para que no pensaran que disfrutara con aquello más de lo estrictamente necesario.
-Porque has querido. –Soltó Unai. –Venga, que sigo yo otro rato.
-No, si haced lo que queráis... A mí mientras me la machaque alguien...
Aquella afirmación fue suficiente para que Unai soltara la polla de Iván y la dejara libre para la mano de Miguel. Tardó un poco en agarrarla, por aquello del reparo que tiene cualquier hetero a la hora de tocar una polla ajena, pero finalmente la rodeó con su mano derecha. La postura era más cómoda que la de Unai, pues éste tenía que estar medio girado hacia Iván, y a Miguel le bastaba con extender un poco el brazo hacia su derecha.
Si Iván ya estaba en la gloria con Unai, en cuanto Miguel empezó a masturbarle la cosa mejoró cosa mala. Enseguida impuso un ritmo más fuerte, y la maña que se daba agitando su mano en torno al rabo de Iván estaban poniendo a éste a mil. Encima el hecho de estar siendo pajeado por el chico con el que llevaba fantaseando cerca de un mes añadía morbo a la situación.
No aguantaría mucho más a esa velocidad, incluso se vio obligado a parar un poco su doble paja a sus dos compañeros para concentrarse en el placer que estaba sintiendo. Su orgasmo estaba muy cerca. Miró a Miguel como tratando de avisarle con la mirada, pero estaba con los ojos cerrados y ni se enteró. Tampoco pasaba nada, si se manchaba peor para él, pensó Iván.
Estaba a punto, pero un ruido metálico le distrajo. Podía ser cualquier cosa, pero tuvo un mal presentimiento. En un segundo, la puerta del vestuario, supuestamente cerrada para que no pudiera abrirse por fuera, sonó de nuevo para justo después abrirse de par en par.
-¡Eres un hijo de puta! Menudo cabrón, yo esperándote en la puerta y tú mientras...
-Pero Luis, tío, si no estamos haciendo nada.
-¡Y encima lo niegas! Vete a tomar por culo.
-Pero Luis, de verdad, que no... ¿Te llamo luego y hablamos? –Iván se había enrollado a toda prisa una toalla en la cintura y había salido detrás de Luis, pero éste no parecía escucharle. -¡Luis!
-¿Qué?
-Pues eso, tío, que no es para tanto.
-¿Qué no es para tanto? ¡Encima! Mira, déjame en paz...
Luis se largó tan violentamente como había aparecido, dejando a los tres chicos con cara de imbéciles y con sus tres pollas apuntando flácidas hacia el suelo de terrazo del vestuario.
-¿Quién es ese? –Preguntó Unai cuando Iván volvió a sentarse entre los dos.
-Nada, un amigo mío.
-¿Y por qué se ha puesto así?
-No sé. –En vista de que Miguel y Unai no se quedaron muy convencidos, se vio obligado a inventar algo sobre la marcha. –Nada, que me estaba esperando y como tardo mucho se ha mosqueado y se ha ido solo. Que le jodan. ¿Seguimos o qué?
-Vale, pero atranca mejor la puerta, que como entre alguien la liamos...
-Tranquilos que éste no dice nada... Venga, ¿quién sigue conmigo?
-Sigo yo –Dijo Unai-, pero hasta que me corra, que no me quedaba mucho. Luego ya os apañáis vosotros.
Recuperaron sus posiciones y siguieron como si no hubieran sido interrumpidos. El sobresalto había sido grande, pero podría haber sido peor. Ahora la puerta estaba bien asegurada y no volvería a haber problemas aunque alguien intentara entrar. Aún así no podían entretenerse mucho, así que la velocidad de sus movimientos aumentó. Miguel, que era el único con las manos libres, las cruzó detrás de su nuca para ponérselo más fácil a Iván. Unai se estorbaba un poco con él, pues debían pajearse el uno al otro en una posición un tanto incómoda, pero podía mantener un buen ritmo.
También Iván había acelerado, y ambas manos se deslizaban deprisa por las pollas de sus dos compañeros de equipo. Una mirada de reojo a Unai le permitió asegurarse de lo que ya percibía por los leves espasmos que se producían en su rabo: no le quedaba apenas nada para correrse. Hubiera deseado arrodillarse frente a él y deleitarle con una buena mamada para no desperdiciar su leche, pero ya se había delatado demasiado. Quizá en otra ocasión podría permitirse ese tipo de cosas. Ahora simplemente siguió pajeándole al mismo ritmo y tratando de aparentar que no le prestaba atención hasta que notó que por su mano escurría un liquido caliente y viscoso. La apartó de inmediato y simulando sentir algo de asco y se limpió con el rollo de papel higiénico que tenían preparado para tal efecto.
Unai se levantó para limpiarse y vestirse, dejando la polla de Iván libre para que Miguel terminara la tarea. Ahora que estaban los dos solos, podían cambiar de posición, así que se giraron un poco para colocarse frente a frente mientras Unai trataba de mirar hacia otro lado, pasado el calentón ya no le parecía tan buena idea hacer aquello.
Los otros dos no parecían pensar lo mismo. Iván estaba claro que no, pues aunque nunca lo hubiera reconocido en voz alta, tenía más que asumida su homosexualidad, pero tampoco Miguel sentía ningún tipo de remordimiento por estar tocando polla ajena. Era una sensación extraña, pero que le estuvieran a la vez pajeando a él valía la pena.
Iván tenía razón, era mejor que masturbarse como siempre. No es que fuera la hostia, pero la cosa mejoraba mucho. Miguel hubiera preferido que su primer contacto con el sexo hubiera sido con una chica, pero poco importaba eso ahora. La mano de Iván se esmeraba en darle placer, y lo estaba consiguiendo. Su glande se ocultaba y descubría a tal velocidad que era imposible de seguir con la vista, y a Iván le faltaban manos para abarcar toda su longitud. Nunca había tocado una polla tan grande como esa.
Se miraron una fracción de segundo a los ojos, Miguel retiró rápidamente la mirada algo avergonzado. Iván se hubiera sentado encima de aquel pollón sin dudarlo, pero intuía que lo más cerca que estaría de él sería así, teniéndolo en su mano. Aquel pequeño gesto había dicho mucho, Miguel no estaba interesado en nada más que en un rato de placer.
-Me voy a correr. –Anunció.- Si quieres para y sigo yo, así no te manchas.
-Me da igual, si tú sigues hasta el final yo sigo. Yo también estoy a punto. –Respondió Iván.
-Vale.
La mano derecha de Iván sobre la polla de Miguel y la mano derecha de Miguel sobre la polla de Iván. Unai se vestía en silencio y centrando sus ojos en la mochila y la ropa limpia, así que era prácticamente como si estuvieran solos. No había nada más aparte de sus pollas y lo que estaban sintiendo.
Aunque no lo hubiera hecho nunca, Miguel era todo un experto. Años de experiencia pajeándose le avalaban. Era un poco extraño masturbar a un rabo más corto que el suyo, pero era prácticamente igual que hacerlo con el suyo. Movió su mano todo lo deprisa que pudo y miró a Iván aprovechando que éste estaba con los ojos cerrados. Se mordía insistentemente el labio inferior y enseguida Miguel descubrió por qué: varios chorros calientes mancharon su mano mientras Iván se retorcía de gusto.
Al empezar a correrse, Iván perdió el control y comenzó a pajear a Miguel aún más deprisa. Él paró para limpiarse, así que Iván aprovechó para agarrársela también con la mano izquierda y poder masturbarle con las dos manos a la vez, la derecha rodeando el glande y la izquierda golpeando suavemente con los huevos. Miguel agradeció el gesto respirando fuerte, casi gimiendo de gusto. También se iba a correr.
Lamentándose de nuevo por el semen desperdiciado, Iván siguió al mismo ritmo hasta que la polla de Miguel estalló. No fue una corrida muy abundante, apenas un chorro que se estrelló contra el abdomen de Miguel y varios goterones que se quedaron repartidos entre la mano de Iván y la polla de su compañero, pero sin duda era un derroche innecesario.
El siguiente objetivo para Iván sería poder probar el néctar de Miguel, a ser posible después de una buena mamada. Pero ahora lo mejor era limpiarse y vestirse cuanto antes, empezaba a ser sospechoso que se entretuvieran tanto en la ducha. Unai ya estaba listo, pero esperó hasta que Miguel e Iván estuvieron vestidos, peinados y con la mochila a la espalda.
-Ha estado bien, ¿no? –Dijo Iván mientras abandonaban el vestuario, y mordiéndose la lengua para no preguntarles que si querían repetir. Bastante había conseguido ya.
-Si, no ha estado mal. –Respondió Unai un poco seco.
-¿Te viene alguien a buscar? –Preguntó Miguel. –Si quieres súbete con nosotros, que nos acerca mi padre.
-No, déjalo, mejor me vuelvo a casa andando, que tengo que hacer cosas. –Dijo Iván, pensando en que seguramente Luis esperaba una explicación. Lo mejor sería dársela cara a cara, pero no tenía la menor idea de donde podía estar.
Luis estaba llegando a casa cuando sonó su móvil. Era Iván, y ni siquiera se molestó en colgar, apagó directamente el teléfono y lo volvió a dejar en un bolsillo del pantalón. Se llevaba todo el camino aguantando las lágrimas, pero ver el nombre de Iván escrito en la pequeña pantalla le hizo estallar. Se había volcado con su relación, después del shock que le había supuesto descubrir su nueva sexualidad, y ahora veía que todo se había echado a perder. Y lo peor es que la culpa era suya, por confiar demasiado en alguien que había demostrado no tomárselo tan en serio. La diferencia de edad parecía ahora insalvable, Iván no era más que un criajo inmaduro pensando con la polla Luis necesitaba algo más formal, alguien en quien confiar.
- Relato original de Hector Richvoldsen