Hoy no había más plan que pasar la tarde comiendo pipas en un banco del parque. Carlos se afanaba en formar un charco de saliva en el suelo, a falta de otra distracción. Pablo y Manu charlaban de fútbol, mientras que Jaime revisaba la bandeja de entrada de su móvil y borraba los mensajes más viejos.
Era viernes, pero la semana había sido de lo más intrascendente. Daniel no había vuelto a clase tras la operación de fimosis, pero tampoco iban a tardar mucho en ponerle al día, ni.................. en tareas de clase ni en anécdotas de la pandilla. Sin dinero y sin ideas, poco había que hacer. Encima estaban más mermados de lo habitual, David había optado por quedar con Jenny a solas, y Luis e Iván llevaban toda la semana muy raros, sin ganas de quedar con nadie.
-Oye, ¿os habéis enterado de que David y Jenny han cortado? –Dijo Carlos tratando de sacar tema.
-Ya, eso me dijo Luis. ¿Pero quien ha cortado, ella o él? –Dijo Jaime.
-Creo que él, vamos, por lo menos eso me contó a mí.
-Pues hala, ya sabes, pedirla rollo alguno. –Propuso Jaime a los demás en broma.
-Sí, claro.
-Oye, por lo menos con Jenny ya sabes que tira...
-Ya bueno, pero ya te digo yo que no se va a liar ni conmigo ni con ninguno de nosotros... Esa tía va buscando caña.
-Pues se la damos entre todos, ya ves tú que problema...
-Bueno, ¿hacemos algo hoy o qué? Que estoy hasta los cojones de estar aquí sin hacer nada...
-¿Vamos a ver a Daniel? –Sugirió Manu. –Yo todavía no le he visto después de la operación.
-Nosotros sí, pero no nos la ha querido enseñar. –Bromeó Carlos.
-Pues venga, vamos a su casa y que nos enseñe su rabo descapotable. –Añadió Pablo muerto de risa.
El pobre Daniel había pasado la peor semana de su vida, sin ninguna duda. La operación había sido rápida y con anestesia general, pero al despertar empezaron los problemas. Cada vez que tenía que ir a mear pasaba unos dolores insufribles, y las curas tampoco eran plato de buen gusto. Sobre todo la primera de ellas el día después de la operación, pues hubo que quitar las vendas para limpiar la herida, y se habían quedado pegadas con la sangre reseca. Estaba a base de medicamentos para calmar un poco los dolores, pero aún así llevaba unos días terribles, sin ganas de hacer nada.
Lo único bueno es que había convencido a sus padres para que le dejaran no ir a clase, aunque el médico le había dicho que en un par de días podría hacer vida normal. Apenas podía incorporarse, y lo peor de todo era cada vez que le venía una erección, que tenía que ir corriendo al baño a refrescarse con agua fría. Aunque claro, también se le ponía dura en mitad de la noche y era bastante molesto tener que levantarse corriendo por culpa del dolor. De haberlo sabido, Daniel le hubiera dado largas al asunto, a lo mejor con el tiempo el prepucio hubiera cedido y se hubiera ahorrado todo esto.
-¡Buenas! –Gritó Carlos por el telefonillo. –Venimos a ver al enfermo.
-¿Quiénes estáis? –Respondió Daniel.
-Pues yo, Jaime, Manu y Pablo.
-Eso, el burro delante, para que no se espante. –Dijo Pablo por el fondo.
-Subid, anda.
Daniel les recibió en pijama, y sin nada más debajo, su vestimenta habitual desde el día de la operación. Cualquier cosa más ajustada le molestaba horrores, lo único que soportaba era el pantalón de algodón, y aun así también le rozaba. La venda que aún llevaba alrededor servía un poco de protección, pero de todos modos tenía que medir sus movimientos para no hacerse daño.
-¿Qué tal, tío? –Dijo Pablo.
-Bueno, un poco mejor. Ya me molesta menos al ir a mear.
-¿Estás solo? –Preguntó Jaime.
-Sí, mis padres se han ido a dar una vuelta hace un rato.
-Mira, pues así te hacemos compañía. Hemos estado por alquilar una película, pero es que en todas salía algún pivón, que sí la Jolie, la Pataki, Jessica Alba... –Explicó Pablo.
-Gracias hombre, pero tampoco es para tanto.
-Que no, dice. O sea, ¿que llevas una semana sin hacerte pajas y no tienes ganas? Venga ya... –Dijo Carlos.
-Hombre, por tener... Pero tampoco se me empalma cada vez que veo a una tía buena, por suerte.
-Bueno, ¿nos la enseñas?
-Joder, mira que sois plastas. Ya os dije el otro día que no, que por vuestro propio bien que no os la enseñaba.
-No será para tanto... –Dijo Manu.
-Pues no será para tanto. –Respondió Daniel, tratando de zanjar la discusión.
-Lo que pasa es que no tienes huevos. –Espetó Jaime.
-¿Qué no? Lo que no quiero es que os desmayéis, porque da una grima verlo...
-Claro tío, y tú eres Superman y por eso a ti no te da impresión, ¿no?
-Bueno, venga, vais a tener suerte, porque son las siete y me toca hacerme una cura. El que se quiera venir al baño que se venga, pero que no dé por culo que es una cosa delicada, ¿vale?
El baño de la casa de Daniel no era muy grande, pero lo suficiente como para que Jaime, Carlos, Manu y Pablo pudieran entrar y tener buenas vistas del lavabo, donde Daniel se haría la cura. Se bajó con cuidado el pijama, y esa fue la primera impresión. Una especie de slip hecho con vendas y sujeto con esparadrapo cubría su entrepierna. Daniel lo despegó con cuidado, dejando al aire su miembro envuelto en más vendas, en las que se intuían algunas manchas de sangre seca y Betadine.
-Joder tío, ¡qué dolor! –Gritó Jaime.
-Ya os lo he dicho, y eso que todavía no habéis visto nada. El que se quiera salir que se salga...
Daniel se humedeció las vendas con suero para retirarlas con más facilidad, como le había explicado la enfermera. Un dolor de huevos se fue extendiendo entre todos los presentes según Daniel desenvolvía su polla. Finalmente quedó al descubierto. Aún tenía todo los puntos enteros, así que alrededor del glande había una especie de costura con pinta de doler muchísimo. Ninguno de los chicos abandonó el baño, aunque ganas no faltaban.
Se echó un poco más de suero para limpiar la herida, y le sangró un poco, como de costumbre, aunque le habían dicho que era normal. También la herida segregaba un liquido similar al pus, aunque por lo visto era una sustancia natural que contribuye a la cicatrización. Después se puso un poco de Betadine para desinfectar bien la zona, y una venda limpia bien apretada para sujetar bien la zona. Para entonces, más de uno ya había dejado de mirar Manu incluso tuvo que reprimir sus ganas de devolver.
-¿Qué, os ha gustado? –Preguntó Daniel a su público con ironía.
-No es para tanto. –Respondió Jaime aún blanco de la impresión.
-Ya, claro.
-¿Y no te molestan los puntos?
-Ahora ya un poco menos. Aunque cada vez que se me empina las paso putas...
-Vamos, que de hacerte pajas, nada, ¿no?
-Pues no. Yo creo que hasta dentro de un mes o dos...
-Joder tío, dos meses sin hacerte pajas. No aguanto yo ni dos días. –Dijo Carlos.
-Pues de momento no tengo ganas. Solo de pensar en como tiran los puntos cada vez que me empalmo...
-¿Pero lo has intentado?
-¿Cómo lo voy a intentar? ¿No te he dicho que si se me pone dura me duele mazo?
Una vez visto el aparatoso vendaje de la polla de Daniel y sus costuras, poco más había que hacer. Claro que al menos en su casa se estaba más fresquito que en la calle, así que se apalancaron todos en el salón a ver la tele. Solo echaban programas de cotilleos y concursos, pero mejor eso que estar sentados en un parque. Aunque había que buscar algo que hacer.
Daniel no andaba muy actualizado con el tema consolas, lo más avanzado que tenía era una Playstation sin chip y con cinco juegos que no admitían multijugador. Jugar a juegos de mesa tampoco era una opción muy digna, ni ponerse a ojear la colección de libros de \"Érase una vez el Hombre\" tampoco. Carlos optó por ponerse a jugar con el móvil, a uno de los juegos que se había descargado aprovechando el saldo que de vez en cuando le metían.
Al cabo de un rato, las músicas machaconas que salían del teléfono de Carlos se convirtieron en jadeos femeninos.
-¿Qué haces, tío? –Preguntó Jaime.
-Nada, que me aburro.
-Joe, pues córtate un poco, que el pobre Daniel está en ayunas.
-Si no voy a hacer nada, es que estaba buscando una cosa.
-Ya, claro. –Añadió Pablo. –Que nos conocemos, Carlitos...
-Joder, vaya fama que tengo, ni que me estuviese haciendo pajas a todas horas...
-Venga ya, tío. Pero si estás más salido que un mono. –Dijo Manu metiendo también baza.
-¿Y vosotros no? Joder, como si vosotros no os la pelarais...
-Oye, ¿y de qué iba el video ese? –Preguntó Jaime, cambiando sus críticas por curiosidad.
-Pues es de una página que me mandaron, van por la calle en un coche y le van ofreciendo a tías follar por dinero. Está que te cagas. Mira, ésta al principio está mazo de cortada, pero al cabo de un rato se la follan por todas partes.
-¿Y te deja mandarlo por Bluetooth? –Dijo Pablo.
-No sé, no he probado. Aunque ocupa casi 3 megas, no sé si se podrá...
-Pues inténtalo y si se puede me lo mandas a mí también. –Dijo ahora Manu.
-¿Veis lo que os digo, cacho de cabrones? Si sois peores que yo... –Respondió Carlos, medio de broma medio mosqueado.
-Yo también lo quiero, pero primero enséñamelo a ver si está bien. –Intervino Jaime.
-Eso digo yo. Ponlo primero.
Todos menos Daniel se arremolinaron alrededor de Carlos, que puso de nuevo el video desde el principio. En la pequeña pantalla del móvil sería difícil apreciar detalles, pero no había otra cosa. Como había dicho Carlos, aquello empezaba con dos tíos dentro de una furgoneta, uno conduciendo por calles de lo que parecía ser Estados Unidos o algún otro país anglosajón y otro grabando con su cámara. Abordaban a una chica que iba haciendo footing por la zona, y tras una conversación ininteligible en inglés, conseguían que subiera al coche con ellos.
En el asiento trasero, el cámara le enseñaba un fajo de dólares, pero en principio ella parecía algo arrepentida. Un poco más de charla y la chica se arrimaba temerosa a la bragueta del chico que grababa, mientras el conductor de la furgoneta animaba desde delante. El coche estaba en marcha, pero no parecía ser una zona muy transitada. Pronto la chica tenía la polla morcillona del cámara en la mano, y se reía nerviosamente.
-Joder, menos mal que no quería... –Dijo Manu.
-Eso digo yo, menos mal que no queríais. –Saltó Daniel desde el otro sofá. –Tíos, cortaos un poco, que yo no puedo hacer nada...
-Joe, pero si no vamos a hacer nada. –Contestó Jaime.
-Ya, como si no os conociera.
El caso es que Daniel no iba muy desencaminado, pues los cuatro estaban empezando a empalmarse con el dichoso video. Les daba un poco de palo pajearse delante de Daniel y que él no pudiera hacer nada, pero tenían que echarle fuerza de voluntad al asunto el video era mejor de lo esperado. Ahora habían parado en un descampado, y el que antes conducía ahora le sobaba las tetas a la chica, mientras que ésta le comía la polla al cámara.
Para ser alguien de la calle lo hacía muy bien, no se limitaba a metérsela en la boca, sino que se empleaba a conciencia en la mamada. La recorría con la lengua y luego se la tragaba hasta más o menos la mitad, y eso que el tío la tenía grandecita. El otro había comenzado a meterle la mano dentro del pantalón, y Jaime y Pablo no podían contenerse y hacían lo mismo con ellos mismos. Manu les vio y también comenzó a pajearse con supuesta discreción.
-¿Ves como son peores que yo? –Le dijo Carlos a Daniel, como buscando apoyo a su causa.
-No sé yo que decirte... –Respondió éste.
-Oye, que has empezado tú a poner videos porno. –Le recriminó Jaime. –Y si tú no te la quieres hacer no te la hagas, pero no des la brasa.
-Será cabrón... Bueno, pues ya que estamos me apunto yo también. Daniel, a ti no te importa, ¿no?
-Haced lo que queráis, mientras que no manchéis nada...
El mayor problema de Daniel no es que le diera envidia (que también), sino que empezaba a temerse que le viniera una erección inoportuna y tuviera que salir corriendo a refrescarse para bajarla. De momento lo tenía todo bajo control, pero los gemidos que empezaban a venir del móvil de Carlos le hicieron temer lo peor.
Dado que el dueño de la casa había dado autorización, todos procedieron a ponerse más cómodos. Se bajaron los pantalones y la ropa interior y se sentaron de nuevo alrededor de Carlos, esta vez un poco más separados, para evitar cosas raras. Pusieron el móvil encima de la mesa y comenzaron a masturbarse casi frenéticamente. Los del video ya habían empezado a follar, y la cosa se había puesto de lo más interesante.
Pablo iba a toda leche, llevaba un par de días de pajearse y se le había puesto durísima con el video. Manu se había hecho una antes de salir de casa, pero tampoco eso había sido un problema, era capaz de aguantar otra sin pestañear. Jaime se masturbaba con ganas, en parte por desahogarse cuanto antes y en parte para no fastidiar demasiado a Daniel.
Carlos iba a su rollo. Se sabía el video casi de memoria, pero aún así le seguía excitando. Se moría de ganas de enseñarles a los demás su último descubrimiento, que a raíz del sueño erótico que había tenido ya era capaz de correrse, aunque fuera poco. Iba más deprisa que nadie, agitando con velocidad los dedos índice y pulgar de la mano derecha, subiendo y bajando su prepucio para darse gusto. No iba a tardar mucho.
Los del móvil ya habían cambiado de postura, ahora era el que conducía quien se la metía por el culo a la chica. A estas alturas ya era toda una profesional, y se movía encima del chico con soltura, como si estuviera harta de follar con desconocidos.
La maltrecha polla de Daniel también comenzaba a reaccionar, para desgracia de su dueño. Los primeros tirones de los puntos le estaban haciendo ver las estrellas, pero prefería aguantar de momento. Si no hacía mucho caso a su erección, se acabaría yendo sola.
Dos goterones blanquecinos brotaron orgullosos de la polla de Carlos, quien no paraba de anunciar que ya se corría en condiciones. Tampoco es que fuera gran cosa, pero era un avance. Siguió masturbándose un poco más, antes de guardársela sin ni siquiera limpiársela.
-No os enrolléis mucho que se está acabando. –Avisó Carlos.
-¡Joder!
-¿Qué te pasa?
-Pues que se me está poniendo dura y me duelen los puntos.
-¿Y no puedes hacer nada? –Preguntó Jaime.
-Esperar a que se baje sola.
Pero no bajaba, sino todo lo contrario. La erección estaba yendo demasiado lejos, y a estas alturas Daniel ya no se podía ni levantar del sofá, aquello tiraba demasiado.
-Tíos, id a la nevera a por un poco de hielo, que yo no me puedo levantar del dolor. ¡Me cago en la puta!
-Ya voy yo, que ya he terminado. –Dijo Carlos levantándose del sofá.
Cuando quiso volver fue consciente de que ya casi no hacía falta el hielo. Daniel se había bajado el pantalón, y lo que antes habían sido gasas limpias, ahora era una mancha de sangre. Jaime y Manu no estaban para ayudar, pues se habían medio mareado de la impresión de ver toda esa sangre ahí, y Pablo se había levantado pero no sabía muy bien como ayudar.
-Joder, menuda la habéis liado, cabrones. –Dijo Carlos, auto-excluyéndose.
-¡Encima! –Reclamó Jaime.
-Bueno tíos, dejad de discutir y ayudadme un poco.
-¿Llamamos a una ambulancia? –Preguntó Carlos.
-¿Qué vais a llamar a una ambulancia? Si no es nada grave, pero es muy aparatoso. Además, ya me duele menos, ya se me está bajando. Pásame el hielo, anda.