Abrió los ojos, pero volvió a cerrarlos rápidamente. El sol que entraba por la ventana le hacía daño. ¿Dónde coño estaba? Poco a poco se adaptó a la luz, y pudo comprobar que estaba en casa de Rubén, un compañero suyo de clase. Había ido a celebrar su cumpleaños, y se había quedado allí a dormir.
Sentía como si le golpearan la cabeza con una maza, había bebido mucho la noche anterior y tenía una resaca horrorosa. Luis no solía beber, y los excesos le estaban pasando factura. Rodó sobre la cama para alcanzar la cuerda de la persiana, con la intención de dormir un rato más, pero algo se puso en su camino. Unas piernas ................... lampiñas, un culo firme y unas espaldas blancas cubiertas por una melena corta dormían junto a él. ¿Quién coño era? ¿Qué coño había echo? Intentó recordar.
Marta le había llamado a mediodía para decirle que era el decimocuarto cumpleaños de su hermano Iván. Sus padres estaban de vacaciones, así que podían aprovechar para dormir juntos. Luis pensó que era la ocasión perfecta para lanzarse con ella, así que no había puesto ninguna pega. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue que se había acostado con Marta y que ahora dormía a su lado, pero pronto desechó la idea. Ella no tenía el pelo tan corto.
Había llegado a casa de Marta sobre las 8. Felicitó a Iván y huyó como pudo para estar a solas con su novia. Ésta no quería dejar solos a los amigos de su hermano pues no les tenía por personas muy civilizadas, así que volvieron a la fiesta. En su ausencia, los chavales habían montado un botellón en el jardín. Marta se puso histérica, tratando de echar a los amigos de su hermano, pero Luis la frenó. Al fin y al cabo, tampoco pasaba nada por tomarse unas copas, y además, si conseguía que Marta se tomara también alguna copa podría acabar cediendo por la noche.
Luis tampoco pensaba desaprovechar la ocasión y se sirvió un whisky con Coca-Cola para ponerse a tono. Se puso a hablar un rato con Iván, ya que Marta estaba algo mosqueada con él. Habían coincidido un par de veces después del partido del otro día, pero tampoco se conocían mucho. En el poco rato de charla que compartieron congeniaron bastante bien. Los videojuegos les volvían locos a los dos, así que el tema de conversación no iba a faltarles.
Su acompañante en la cama se estiró un poco, pero siguió tumbado boca-abajo y parecía seguir durmiendo. ¿Qué había pasado?
Marta tardó bastante en volver a acercarse a Luis, y al parecer seguía enfadada.
-No se por qué te he hecho caso. Como se carguen algo las culpas van a ser para mí.
-Venga, no te mosquees. Tómate algo, que es el cumpleaños de tu hermano...
-Otra cosa igual. Ya que sois tan amiguitos dile que no beba más, que como se ponga malo no le pienso ayudar...
-Joder, pero si mientras que estaba hablando conmigo solo se ha tomado un Martini con limón y eso casi no sube. Ya sabrá él lo que hace...
-Eso, encima ponte de su parte. Me voy a mi habitación, tu vigila a estos un poco...
-Pero tía, no te enfades, que es su cumpleaños...
No la volvió a ver en toda la tarde. Estaba un poco harto de tener que arrastrarse detrás de ella cada vez que se cogía una rabieta, y decidió disfrutar de la fiesta. Se sirvió otro cubata y buscó de nuevo a Iván, que se encontraba hablando con unos amigos suyos. Pronto dejó su conversación y se unió a Luis. Se tiraron un buen rato charlando del instituto, de videojuegos, de fútbol... y cuando se quisieron dar cuenta casi se habían quedado solos. Era cerca de la una de la mañana y apenas quedaban un par de chicos que eran vecinos de Iván.
Finalmente, se despertó. Entre bostezos, se dio la vuelta y se quedó boca-arriba, mirando a Luis con los ojos entreabiertos. Joder, era él, Iván. ¿Qué estaba haciendo allí?
-Buenos días.-Dijo Iván dulcemente.
-Buenos días.
-¿Qué tal has dormido?
-Bueno, podía ser peor. ¿Y tu?
-Oye, tenemos que hablar de lo de ayer...
-¿Qué pasó ayer?
Ahora si que no entendía nada. Había dormido con Iván. Trató de recapitular.
Una vez se quedaron solos, se fueron a acostar. Luis entró en la habitación de Marta esperando que se le hubiera pasado el enfado, pero se la encontró durmiendo. Se metió en la cama con ella y no pudo evitar despertarla.
-Ya está bien... Anda que te preocupas un poco por mi... No me has hecho caso en toda la tarde...
-Ya cari, lo siento. Ven, dame un beso.
-Déjame, que estoy enfadada.
-Por eso mismo... Venga, vamos a reconciliarnos.-Dijo Luis mientras posaba su mano sobre los pechos de Marta.
-¿Se puede saber que haces, gilipollas? ¿Después de lo de esta tarde vienes ahora a meterme mano? ¡Tu solo me quieres para acostarte conmigo! ¡Vete por ahí!
Aunque estaba bastante pedo, llegó a la conclusión de que lo mejor era hacerla caso. Era demasiado tarde para volver a casa y no tenía ganas de dormir en el sofá, así que optó por hablar con Iván. Aún había luz en la habitación, así que entró. Iván estaba ya en pijama, pero estaba jugando a la consola.
-¿Te importa que pase? Tu hermana me ha echado de la cama...
-Jeje, normal, no la has hecho ni caso en toda la tarde. Quédate si quieres, yo no tengo sueño. Espera, que enchufo otro mando y jugamos los dos.
Iván cogió uno de los mandos y se lo fue a dar a Luis, pero antes de entregárselo, se enredó con los cables y cayó sobre él, acabando los dos tumbados uno encima del otro sobre la cama. Empezaron a reírse descontroladamente, hasta que Iván acercó su cara a la de Luis y le besó. Pese a la sorpresa inicial, Luis correspondió el beso. Había bebido demasiado como para valorar si aquello estaba bien o mal.
Los besos poco a poco fueron subiendo de tono, hasta que sus lenguas comenzaron una acalorada lucha. Pronto las bocas dejaron de ser suficiente y la lengua de Iván se dedicó a recorrer el cuello de Luis. Este, tumbado boca-arriba, se dejaba hacer, mientras estrujaba con fuerza el culo de su joven cuñado. Iván fue desabrochando botones de la camisa de Luis mientras besaba y lamía su pecho. Los dos estaban a mil, y la ropa comenzaba a sobrar. Iván se incorporó para quitarse la parte de arriba del pijama, y la poca cordura que conservaba le hizo levantarse para cerrar la puerta y echar el pestillo. Aquello era cosa de dos.
-¿Qué que pasó ayer? Tío, anoche tu y yo nos liamos...
-Ya, ya lo se. Pero es que no se, todavía no me he hecho a la idea.
-¿Es la primera vez que te enrollas con un chico?
-Pues si. Hasta ayer pensaba que era hetero, me gustaba tu hermana y esas cosas...-Afirmó Luis con sinceridad.
-Joder, pues vaya plan. ¿Y ahora qué?
-No lo se, de verdad que no se. ¿Qué te parece si dormimos otro rato y luego hablamos? No son ni las 9...
Iván volvió a la cama, y siguió por donde lo había dejado. Se tumbó sobre Luis y volvieron a besarse, mientras sus caderas se restregaban la una con la otra. Sus pollas estaban tan duras que casi podía notarse su calor a través de la ropa. Aunque era el más joven, y ciertamente no tenía experiencia, llevaba mucho tiempo esperando ese momento. Había soñado con ello muchas noches, y tenía trazado un plan para aquella ocasión. Llevaba las riendas, mientras Luis se limitaba a dejarse hacer, tal y como había hecho con Sandra en Dublín.
Pero aquello era muy distinto. No solo tenía encima a un chico, sino que tenía que soportar el peso de su conciencia. Realmente no le preocupaba mucho Marta en ese momento, pero la idea de la infidelidad y la traición estaba ahí. Para apartarla de su mente, decidió pasar a la acción. Tumbó a Iván sobre la cama, y le quitó el pantalón corto. Ante él aparecieron unos pequeños slips negros, donde se marcaba un bulto considerable. Pasó su mano por él con algo de miedo, era la primera vez que tocaba una polla ajena. Iván suspiró, y Luis se excitó aun más.
-Bueno, dormimos un poco más, pero luego nos levantamos. ¿No querrás que nos pille mi hermana? Por cierto, ¿se lo vas a decir?
-Que va tío, ¿tu estás loco? Como se entere nos mata a los dos. Ya hablaremos a ver que vamos a hacer con todo esto...
-¿Pero vas a seguir con ella?
-No se, supongo que no, pero no se. Me duele la cabeza, luego lo hablamos, ¿vale?
Antes de avanzar más, decidió aligerar su vestuario. Se quitó los chinos, y se quedó solo con sus boxers de algodón, que hacía tiempo que se habían quedado pequeños. Se tumbó sobre su joven amante y comenzó a restregar su polla sobre la de Iván por encima de la ropa. Pronto aquello les pareció poco y fue Iván quien tomó la iniciativa. Bajó los boxers de Luis con una mano y con la otra abrazó su polla. Comenzó a pajearle con suavidad, al tiempo que le besaba lascivamente.
Sin dejar de masturbarle, sus labios fueron pasando al cuello, al pecho, bajaron por su torso sudoroso hasta llegar los muslos, desde donde fue bajando lentamente hasta hincar la nariz en vello púbico de Luis. Este cerró los ojos, mientras comenzaba a percibir una sensación cálida y húmeda. Se acordó de Sandra, de Dublín, de aquella primera vez, pero esta vez también era la primera. Miró hacía abajo y vio a Iván, quien hasta hacía unos minutos era solo el hermano de su novia.
Para Iván también era la primera vez que hacía algo así, pero había soñado con aquello más de una noche. Desde que había conocido al novio de su hermana en el partido, se había sorprendido más de una vez con un ataque de celos hacía ella. No podía evitar soltarle a Marta alguna grosería cada vez que ésta llegaba a casa contándole lo majo que era Luis. Al contrario que muchos hermanos con edades similares, ellos siempre se habían llevado medianamente bien, pero hacía unas semanas que Iván estaba algo picado con Marta. La razón la tenía ahora delante de sus narices, literalmente.
Y se afanaba por causarle la mejor impresión posible. En aquel momento no sabía si era su primera mamada o no, pero debía ser la mejor de su vida. Ahora que había conseguido liarse con un chico no podía cometer errores. Luis no era el más guapo de los amigos de su hermana, y tampoco le había llamado mucho la atención en las duchas, pero ese aire de chico pijo le había vuelto loco en la fiesta. Además, estaba el morbo de quitarle el novio a su hermana.
-¿Así voy bien?
-Si, si... –Dijo Luis haciendo un esfuerzo.
Era la primera vez que se la chupaban, pues Sandra no había tenido intención de hacerlo, pero estaba cumpliendo de sobra sus expectativas. Iván, pese a su inexperiencia, le estaba poniendo a mil. Lo que hacía básicamente era masturbarle con la boca, pero lo hacía con tal desenvoltura que no podía evitar retorcerse sobre la cama. En ese momento no importaba Marta, ni Sandra, ni sus amigos, ni los estudios solo importaba dar y recibir placer. Echó mano al slip de Iván, y comenzó a masturbarle por encima de la tela. A su joven amante pareció gustarle aquello, pues comenzó a chupársela más deprisa.
Luis comenzó a roncar, señal inequívoca de que había vuelto a dormirse. Iván tapó su desnudez con la sábana, y se acurrucó a su lado. Jugando con los pelos del ombligo de Luis se quedó también adormilado.
No quería correrse tan pronto, así que Luis decidió parar a Iván. Le tumbó en la cama, le dio un largo y lascivo beso en la boca, y fue recorriendo su cuello con la lengua. Después, se centró en mordisquear sus pezones, que no tardaron en ponerse duros y en hacer estremecer a Iván. Todo aquello era nuevo para él, y estaba más excitado que nunca. Luis comenzó a lamerle el slip, en parte para ponerle más cachondo aun, y también para aclimatarse a la nueva experiencia. Una vez estuvo seguro de lo que iba a hacer, bajó de un violento tirón los calzoncillos de Iván y comenzó a lamerle los huevos, cubiertos por unos pocos vellos rubios.
Poco a poco fue recorriendo la polla de su hasta entonces cuñado muy despacio, casi torturándole. Cuando llegó al frenillo, lo lamió de arriba abajo varias veces, mientras Iván trataba de reprimir sus gemidos mordiendo la almohada. Finalmente Luis abrazó con su boca el glande, y comenzó a succionar como pocos minutos antes había hecho Iván con él. Al mismo tiempo, llevó una mano a la base del rabo para pajearle. Estaba empleando todas sus recién estrenadas armas para que Iván se corriera. Era su forma de vengarse por haber cometido el atrevimiento de besarle.
Iván estaba excitadísimo, aquello tenía muy poco que ver con el placer que daba hacerse una paja. Que se la estuviera chupando un chico como Luis era lo máximo. No importaba que fuera inexperto, pues ambos lo eran y no estaban en posición de exigir. Donde la habilidad del otro no llegaba, la excitación del momento hacía el resto. Ahora Luis le pajeaba rápidamente, mientras le lamía el frenillo y acariciaba sus huevos con la otra mano. De vez en cuando paraba, y se metía todo lo que podía en la boca, casi rozando el pubis de Iván con los labios. Si seguía así, no tardaría mucho en correrse.
Y esa era precisamente la intención de Luis, así que comenzó a pajearle lo más rápido que podía, igual que hacía él cuando no tenía mucho tiempo para cascarsela. Iván comenzaba a tener espasmos, señal de que no andaba lejos del orgasmo. Intentó decir a Luis que parara un poco, pero no sirvió de nada. Le estrujó los testículos, arañándole el escroto con las uñas, y siguió pajeándole sin piedad.
Aunque hacía verdaderos esfuerzos por contenerse, era difícil aguantar ese ritmo. Ni en la mejor de sus pajas había sido capaz de sentir algo así. Su respiración era cada vez más agitada, y avisó a Luis como pudo. Este dejó de chupársela, pero no dejó de pajearle hasta que no terminó de correrse. Se acercó a su rostro y le besó en los labios, aunque Iván estaba demasiado exhausto para responder el beso. Aun así, le abrazó hasta que recobró el aliento.
Descansaron un par de minutos, pero pronto la mano de Iván acariciaba la polla de Luis. Había perdido algo de fuerza, pero un leve pajeo le puso pronto a tono. De nuevo se puso a mamársela, aunque con algo más de desenvoltura que antes. Lamía, chupaba, besaba y mordía desesperadamente, como si además de ser la primera vez fuera también a ser la última. Había aguardado mucho ese momento, pero ahora por fin había conseguido lo que quería.
Pese al parón, Luis seguía cerca del orgasmo, y con la maña que se daba Iván no iba a poder aguantar mucho. El alcohol que llevaba encima le había retrasado un poco, pero el calentón compensaba con creces. Ni siquiera se planteaba ya lo que estaba haciendo, se había entregado a lo que le estaban haciendo.
Más o menos como Iván, aunque este no tenía ningún remordimiento de conciencia. Había practicado decenas de veces con sus propios dedos como sería chupar una polla, y lo estaba poniendo en práctica como mejor sabía. No iba demasiado rápido, pues quería disfrutar del momento. Había vuelto a pajearle con la boca, pues había notado que era lo que más le gustaba, aunque de vez en cuando se la sacaba de la boca y lamía un poco aquí y allá. En esas estaba cuando notó que Luis comenzaba a retorcerse más de lo normal, así que se la metió en la boca hasta donde pudo, y comenzó a chupar con fuerza.
-Para, para, que me voy a correr ya.- Advirtió Luis.
Pero Iván sabía perfectamente lo que hacía. Rara era la vez que no probaba su propio semen, así que no iba a desaprovechar la oportunidad de degustar uno ajeno. Se ayudó de la mano para pajearle más deprisa, y en pocos segundos notó un trallazo en su boca, seguido de unos cuantos más, ya que no bajaba el ritmo. Luis no paraba de gemir, e Iván paró para que su hermana no les oyera. Tragó lo que tenía en la boca, y besó a Luis, que no parecía tener muchas fuerzas para responder el beso.
-Tenemos que ir vistiéndonos, que como nos pille mi hermana así...-Dijo Iván, al tiempo que subía la persiana. Aun estaba desnudo, y su cuerpo atlético de espaldas fue lo primero que vio Luis al abrir los ojos.
-No, ya... Pero nos vestimos un poco, y seguimos durmiendo otro rato, ¿vale?
-Bueno...-Dijo con resignación, poniéndose los slips negros de la otra noche y tumbándose de nuevo en la cama.
El sol hacía rato que estaba luciendo, pero Marta aun dormía. Tardó un buen rato en dormirse, pues en el fondo se sentía mal por haber echado así a Luis. Era un buen chico, aunque esa tarde se había portado un poco mal con ella. Seguramente ambos habrían aprendido la lección, y seguirían como si nada, pensó ella antes de dormirse.
-¿Qué vamos a hacer? –Preguntó Iván mirando al techo después de un par de minutos.
-¿De que? –Luis estaba volviendo a quedarse dormido.
-Pues de que va a ser, de esto... ¿Vamos a ir en serio, o solo es liarnos y ya está?
-Joe, no se... ¿Tu que quieres?
-No se, pues estar contigo, supongo. Lo de anoche estuvo bien, y creo que me gustas.-Confesó Iván desviando la mirada. -¿Y tu qué?
-Pues hasta ayer pensaba que me molaba tu hermana, pero ahora ya no estoy tan seguro. –Dijo levantándose de la cama para ponerse la ropa interior. –Eres un tío de puta madre, pero no se si podría estar con un chico...
-Joder, pero lo de anoche te gustó, ¿no? –Iván parecía preocupado, esperaba que lo suyo fuese algo más que un par de mamadas una noche de borrachera.
-Si, claro que si. Pero no se si podría repetirlo, no se si me gustan los tíos...
-A ver, mírame. ¿No te gusta mi cuerpo, por ejemplo?
-Si, estas bueno, pero no se, no se si podría llegar a quererte como...
-Como a una tía, ¿no? Ya...-Definitivamente Iván estaba defraudado.
-No es eso, tío. Mira, si quieres lo intentamos, pero no te prometo nada. No quiero hacerte daño, de verdad, solo es que no me aclaro ni yo mismo. ¿Tu me quieres?
-No se, tanto como eso no se, pero si se que me gustaría estar contigo. No se, quedar juntos, irme contigo y tus amigos al cine, estar contigo por ahí solos, liarnos cuando se pueda...
-Vale, podemos empezar así. Entiéndeme, ¿vale? Te prometo que voy a hacer todo lo que pueda para no hacerte daño.
-Está bien.-Dijo Iván, sonriendo dulcemente, como el niño que consigue un juguete nuevo después de estar un rato lloriqueando. -¿Puedo darte un beso?
-Claro...
Lo que empezó siendo un beso inocente en los labios se transformó en un beso lascivo en toda regla. Sus lenguas se chocaban sin parar, como habían hecho unas horas antes.
-Jeje, te has empalmado con el beso. –Bromeó Iván cuando se separaron.
-No te jode... Como que a ti no se te habrá puesto dura...
-Pues no. Mira... –Se bajó el slip, y era evidente que Iván mentía.
-Venga ya...
-Bueno, pero no soy yo el que tiene dudas...
-Que cabrón...-Dijo Luis riendo- Te vas a cagar...
Agarró la polla de Iván y comenzó a pajearle como solía hacer él cuando no tenía mucho tiempo. Iván no tuvo tiempo de reaccionar, y antes de que pudiera hacerlo ya se había corrido. Cuando recobró el aliento dijo:
-Ostia, tío, menos mal que no sabías que hacer...
-Ya, pero es que te he visto así todo empalmao y me han dado ganas... ¿Algún problema?-Dijo Luis en tono jocoso.
-No, ninguno... Pero te vas a enterar tu ahora...-Bajó de un tirón los boxers de Luis, mostrando que él también se había animado con el juego.
-¡Calla!
-¿Qué?
-Es que creo que he oído algo. Yo creo que tu hermana se ha levantado ya...
-Si, acabo de ir la puerta de su habitación. Voy a quitar el pestillo, tu hazte el dormido.
Un par de minutos después, Marta entró en la habitación para despertar a sus chicos. Dormían en la misma cama, aunque cada uno mirando hacia un lado, sin apenas tocarse.
-¡Buenos días! –Dijo alegremente. –Venga, levantaros ya que son casi las 12... ¿Qué tal habéis dormido juntos, parejita?
-Mal –Dijo Iván sobreactuando.- Tu novio no para de roncar...
-Será cabrón el niño... Y tu no paras de dar calor...
-Ya será menos. –Dijo Marta, sentándose en el lado de la cama donde estaba Luis. Se acercó a él y le susurró al oído -¿Me perdonas por lo de anoche? Es que me puse un poco borde contigo...
-Bueno... –Dijo Luis, dándola un beso cariñoso en los labios. Iván, que les miraba de reojo, se levantó como un rayo de la cama.
-Voy a mear, que me lo estoy haciendo encima –Lo cierto es que no tenía ganas de ver como su hermanita se besuqueaba con Luis.
Cuando volvió del baño, Marta ya no estaba, había bajado a preparar el desayuno. Luis se estaba poniendo los vaqueros, mientras miraba por la ventana los restos de la fiesta esparcidos por la piscina.
-¡Bu! –Gritó Iván.
-Joder, que susto...
-Pues como el que me he llevado yo antes. –Dijo Iván poniéndose serio.
-¿Cuándo? Ah, por lo de Marta... Joe, que quieres que haga, me viene de buenas, no me voy a poner borde con ella. Lo voy a dejar con ella, pero espera que encuentre el momento, ¿vale? No le voy a decir la verdad...
-Ya tío, pero entiéndeme... No veas lo que me jode verte ahora con ella...
-Te lo prometo. –Dijo Luis, cogiendo a Iván por los hombros desnudos. –No quiero hacerte daño, de verdad.
-Bueno, bájate a desayunar, yo luego bajo, prefiero que desayunéis tranquilos. Dile a mi hermana que me he tumbado otro rato, ¿vale?
-Vale. Esta tarde te llamo al móvil y si no está Marta por ahí, hablamos.