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5 Chicos 18: Tras el partido


El calor de aquella tarde no invitaba precisamente a hacer deporte, pero cuando a David se le ponía algo en la cabeza, no había nadie que se lo sacara. Así, había acabado por convencer a sus amigos (menos a Jaime, que odiaba el fútbol) para ir a jugar un partido.

Jennifer y Marta, de mala gana, habían aceptado también la invitación, así que tendrían público femenino, que nunca viene mal. Tener a sus rolletes al lado sería una motivación extra para David y Luis. Al grupo se sumaría Iván, el hermano pequeño de Marta. A ninguno de los dos les hacía gracia irse juntos, pero los amigos de Iván estaban.............. de vacaciones y llevaba varios días sin salir de casa, así que sus padres le había obligado a que se fuera con Marta. Tenía casi la misma edad que Marcos y David, así que deberían llevarse bien.

El polideportivo no era cubierto, y el sol que aun pegaba a las 7 de la tarde era considerable. Las chicas e Iván se acoplaron en unos bancos que había a la sombra, pero aún así el bochorno era insufrible. Aun así, otro grupo de chavales de más o menos su misma edad también había decidido pasar la tarde haciendo deporte. Eran 5 y jugaban entre ellos, pero al ver llegar a David, Marcos, Luis y Carlos les propusieron echar un partido.

-Por nosotros vale, –intervino David, como de costumbre- pero nosotros somos solo cuatro.

-¿Y el chaval de rojo ese no juega? –Preguntó uno de los chicos.

-Ah, pues no se. Marta, ¿tu hermano sabe jugar al fútbol? –Gritó desde el campo a los bancos donde estaban sentados.

-Pues va a ser que si. –Dijo Iván, levantándose de su asiento- Y seguro que mejor que vosotros...

-Bueno va, lo que tu digas... Mientras que no la líes mucho... –Contestó David, poco impresionado.

-Venga tíos, daos vida. Sacamos nosotros, que pa eso estábamos aquí los primeros.

El balón se puso en juego, y a los pocos minutos un fallo defensivo de Iván contribuyó a que los rivales marcaran su primer gol. David, autoproclamado capitán, se fue hacia él y le echó un buen rapapolvo, pero a Iván parecía resbalarle todo aquello. Sacó de centro, y le metió un pase largo a Luis, que esté transformó en el empate.

-¡Joder, vaya pase me has metido, cuñao! –Exclamó Luis mientras le palmeaba la espalda.

-Hala, para que luego diga el gilipollas ese que soy un manta...

-Pasa de él, es un poco macarra, aunque en el fondo es buen chaval. Síguele el rollo y punto.

El partido prosiguió, y la mala calidad de los equipos hacia que los goles fueran frecuentes. Carlos no tenía por costumbre jugar de portero, y se notaba que no tenía mucha experiencia, pues era raro que parara algún tiro a puerta. Suerte que el guardameta rival tampoco era muy bueno y de vez en cuando también le colaban alguna.

Gracias al calor sofocante que hacía, la mayoría andaba ya empapado en sudor, y más de uno se había quedado sin camiseta para tratar de refrescarse un poco. No servía de mucho, pero al menos no se les pegaría al cuerpo.

-¡Hey, el que meta este gana, que nosotros nos piramos ya! –Anunció el portero del equipo rival, que parecía hablar con acento del este de Europa.

-Venga va, que con el calor que hace nos va a dar una insolación... –Contestó David.

Marcos trató de llegar regateando hasta el área, pero un defensa se la quitó e inició un peligroso contraataque. Luis salió al cruce, pero ya no tenía demasiadas fuerzas y se quedó a medio camino. Por suerte Carlos estaba bien colocado y el balón le fue al cuerpo. Se apresuró en sacar, y David fue el encargado de subir la bola. Iván estaba desmarcado, pero acabó pasando a Marcos que estaba bien cubierto. A punto estuvo de perder el balón, pero finalmente pudo colgarla al área, donde Luis se encargó de rematar a puerta marcando el gol de la victoria.

No habían ganado nada, pero la alegría era evidente. A nadie le gusta perder, aunque sea un partidillo amistoso. Quedaron en echar la revancha otro día, y decidieron irse a las duchas del polideportivo a refrescarse un poco. Un par de chavales del otro equipo hicieron lo mismo, no era plan de irse todo sudado. No tenían ropa para cambiarse, pero con meterse un rato debajo de la ducha y volverse a poner lo mismo bastaría para asearse un poco. Era un poco asqueroso, pero a esas edad el sentido de la higiene es algo difuso.

-¿Cómo os llamáis? –Preguntó Carlos a los dos rivales mientras iban al vestuario.

-Pues yo soy Unai –Respondió el más alto- y este es Miguel, es vecino mío.

-¿Y a que instituto vais?

-Pues al María de Molina, ¿te suena?

-Si, yo voy al que está cerca de la Plaza Mayor.

-Ah, ya, el Ribera... ¿A que curso vas tú?

-Pues este año paso a 1º de ESO, ¿y vosotros?

-Estamos los dos en 3º, empezamos este año. –Habló por fin Miguel.

-Oye, ¿y en que equipo estáis? –Preguntó Carlos.

-En el \"Los Tilos\". ¿Por?

-No, porque conozco a un chaval que juega en ese equipo. Se llama Pablo, creo que está en el infantil. Es vecino mío.

-Si, me suena. –Dijo Unai- ¿Así no muy alto, moreno y con el pelo corto?

-Sí.

-Sí, pues creo que hemos coincidido alguna vez. Nosotros es que estamos ya en el cadete.

Las duchas estaban vacías, como de costumbre. La gente que venía por libre no solía ducharse, y en verano las escuelas de fútbol-7 estaban de vacaciones. No estaban en muy buen estado, pero lo suficiente como para utilizarlas sin miedo a pillar cualquier infección. Iván, Carlos, y Marcos estaban ya sin camiseta, así que fueron los que menos tardaron en desnudarse, y se fueron para las duchas. No eran individuales, por lo que no había demasiada intimidad.

-¡Joder, que fría está el agua, me cago en la puta! –Gritó Carlos al meterse debajo del chorro.

-Claro gilipollas, –dijo David desde los bancos- tienes que esperar un rato a que salga caliente.

Miguel y Unai estaban algo cortados, se habían desnudado montones de veces delante de sus compañeros de equipo, pero a estos les acababan de conocer. Al menos, la naturalidad con la que el resto se había quedado en pelotas les daba un poco de confianza. Ambos tenían 14 años, pero era prácticamente lo único que tenían en común.

Unai era el más alto de sus amigos, y también el más musculoso. Tenía el pelo casi rapado, pero lo compensaba con una gran cantidad de vello negro por todo su cuerpo. En cambio Miguel era más flacucho, aunque en altura le andaba a la zaga. Sin embargo, y al contrario que Unai, a él siempre le echaban menos años por culpa de sus rasgos aniñados. Llevaba el pelo rubio cortado a tazón, y apenas tenía vello, si acaso unos pelillos rubios en las piernas. Sin embargo, al quedarse completamente desnudo dejó al descubierto una mata de pelo oscuro en su pubis que contrastaba con su piel blanca.

Una vez desnudos, Luis, David, Miguel y Unai se fueron también para las duchas, donde el agua comenzaba a estar a una temperatura agradable. Había una decena de chorros, con lo cual podían ducharse todos a la vez para tardar menos. Como era de esperar, no tardaron en llegar las inevitables comparaciones:

-¿Habéis visto que rabo? –Proclamó David a los cuatro vientos mientras se la agarraba firmemente- Ya os gustaría tener uno como este...

-Venga ya –Contestó Luis, que le sacaba unos cuantos centímetros- Si la mayoría la tenemos más grande que tu... Menos Carlos que es más enano...

-Hala, que te pires... Eso es porque estoy desempalmao... –Dijo David mientras comenzaba a acariciarse.

-Ya está el salido, cascándosela en todos sitios... –Repuso Luis.

-Claro, como el niño ya ha follado, ahora no le gustan las pajas...

Iván miró a Luis algo sorprendido, sabia que su hermana llevaba unos días con él, pero no se imaginaba que se hubieran acostado. No dijo nada, pero no pudo dejar de imaginarse a aquel chaval que ahora tenía delante montándoselo con su hermana. Entre esos pensamientos, y el estar rodeado de tantos chicos en pelotas, no pudo evitar comenzar a empalmarse.

-Lo que tu digas, –Continuó Luis- pero la tengo más grande que tu...

-Y una mierda. Empálmate y me lo demuestras...

-A ti no te tengo que demostrar nada, flipao. Y estate quieto ya, coño, que no te cortas ni delante de gente que no conoces.

Los desconocidos, Unai y Miguel, tampoco tenían muchos problemas con aquello, ya se la habían cascado alguna vez en aquellas duchas después de algún partido. A Unai le gustaban aquellos juegos, así que decidió meter baza:

-Oye, por mi no te cortes... Eso si, no te piques con Miguel, que el cabrón no se como lo hace, pero cuando se empalma tiene una pedazo de tranca...

-Ya será menos... –Afirmó David con el tono de chulito que le caracterizaba.-No creo que sea más grande que esta...

-Que si tío, pero si ahora mismo no está empalmado y casi la tiene como tú. Póntela dura, Míguel.

Le daba un poco de corte, pero en el fondo le gustaba presumir de polla. Hasta que no empezó a ducharse con los chavales del equipo de fútbol sala pensaba que tener un rabo de 20 centímetros era lo más normal del mundo, pero cuando empezaron a hacer comentarios se dio cuenta de lo que tenía entre las piernas. En reposo pasaba relativamente desapercibida, pero cuando se empalmaba era el centro de todas las miradas. Remoloneó un poco, pero cuando vio que todos le miraban, comenzó a cascarsela.

-Bueno, pues ya que os ponéis... –Dijo Carlos mientras comenzaba a masturbarse.

-Venga ya Carlos, si tu no tienes ni pelos en la polla. –Afirmó David.

-¿Y que? Yo me voy a hacer una paja y punto, que me han entrado ganas...

Sin decir nada, Iván también se apuntó. Estaba ya empalmado, y la mejor forma de disimularlo era cascándosela como los demás. Sabía que no estaba a la altura, pues a sus 14 años apenas estaba desarrollado, pero sus apenas 12 centímetros eran más que suficientes para correrse, y más en las circunstancias en las que estaba. Se fijó en como David se la cascaba para mantener la erección, en la herramienta inactiva que colgaba entre las piernas de Luis, en como crecía la polla de Miguel... Aquello era la leche.

Unai tampoco perdía detalle de lo que hacía su amigo, vecino y compañero de equipo. Desde la primera vez que le había visto desnudo en las duchas, aquella polla le había llamado la atención. Y cuando por fin pudo vérsela empalmada, aquello casi había comenzado a obsesionarle. A él le gustaban las chicas, y cualquier posibilidad de liarse con Miguel le repugnaba, pero aún así le gustaba verle desnudo. Visto el panorama, se apuntó al improvisado concurso:

-Pues casi yo también me apunto, que seguro que a más de uno le gano. –Dijo, echando una mirada de reojo a la polla de David.

-A mi va a ser que no, ya lo sabes –Bromeó Miguel, que comenzaba a perder la vergüenza.

-Que cabrón... Presume de rabo, si , porque como defensa eres un manta...

-¿A que te llevas un pollazo por gracioso? –Dijo, bamboleando su pene en dirección a Unai.

Marcos y Luis seguían un poco a lo suyo, aunque era de esperar que acabarían participando. Sin embargo, a Marcos no le hacía particularmente gracia. Aquella situación era demasiado parecida a la de su gimnasio, y después de lo del otro día con Yussef, lo que menos quería era recordar aquello. Así que se salió de la ducha sin decir nada, con intención de irse.

-¿No te apuntas? –Dijo David extrañado. Después de todo, en los últimos días se la habían cascado juntos unas cuantas veces...

-No, no tengo muchas ganas. Me cambio y me salgo a fumar un piti.

-Como tu veas. Dile a las chicas que vamos a tardar un poco, que no sale el agua caliente o cualquier cosa de esas...

-¿Y tu, Luis? –Intervino Carlos. –Si en el fondo seguro que te apetece...

-Ya joe, pero me da cosa, con peña que no conozco...

-Tu por mi no lo hagas, ¿eh? –Dijo Iván. –Tu no le dices a mi hermana nada y yo tampoco...

-Tampoco es eso... Pero bueno, aunque solo sea para bajarle los humos a David...

Prácticamente todos estaban ya empalmados, con lo que podía hacerse una comparación en condiciones. Al echar un ojo, David se dio cuenta de que había alardeado en exceso, pero ya se buscaría alguna justificación.

-Joder chaval, si que la tiene grande, si... –Exclamó Carlos, muy sorprendido.

-Bah, no es para tanto. –Dijo David- Un poco más grande que la mía, y porque yo no estoy empalmado del todo, que rodeado de tíos no me concentro...

-Ya, claro...-Dijo Unai con tono irónico. –Déjalo, que contra Miguel no tenemos nada que hacer ninguno de los que estamos aquí...

-Eso digo yo, David, no te piques... –Intervino Luis- Como mucho podemos ver quien se corre antes, porque está claro que el que la tiene más grande es Miguel...

-Bueno –Dijo Carlos- ¿Y el que gana que se lleva?

-Pues hombre, si me la quieres chupar, yo te dejo... –Dijo David entre risas.

-No, mejor llamamos a tu madre, que lo hace todas las noches.-Respondió Carlos algo mosqueado.

-Callaos ya, coño, que así no hay quien se centre...-Concluyó Unai.

Todos se pajeaban deprisa, aunque no se jugaban nada nadie quería perder. Se miraban los unos a los otros, comprobando que nadie se les adelantaba, y de paso comparando un poco el tamaño, la técnica, la velocidad... La que más miradas acaparaba era la de Miguel, que sinceramente, disfrutaba siendo el centro de atención.

Iván era uno de los que no la quitaban ojo, aunque de vez en cuando comparaba con el resto de chicos. En el fondo sabía que estaba haciendo trampas, pero como no se jugaban nada podía permitirse el jugar con ventaja. No era la primera vez que estaba rodeado de tantos chicos desnudos, pero si era su debut en las pajas múltiples, y nunca había pensado que fuese tan excitante. Echó un vistazo a las pollas de Miguel y Unai y se corrió abundantemente en el suelo de la ducha.

-¡Gané! –Exclamó con cara de satisfacción mientras derramaba los últimos chorros.

-Joder con el hermano de tu novia. –Le dijo Carlos a Luis.-Llega el último y nos gana a todos...

-A mi por poco. –Dijo David.-Estoy a punto...

Dicho y hecho, un chorretón blanco salió despedido de su polla, estrellándose en la pared de azulejos. No había ganado, pero Iván no era de la pandilla y no contaba, así que como si hubiera quedado primero. Dicen que quien no se consuela es porque no quiere...

Miguel y Unai se lo tomaban con más calma, ahora que ya no iban a ser los primeros. Nunca perdían la ocasión de cascarsela con sus colegas, pues era la única forma de salir de la rutina de las pajas en solitario, y al menos Unai prefería aprovechar un poco el momento para comparar las técnicas que usaba cada uno con el fin de luego probarlas en casa.

Miguel se la rodeaba con la palma de la mano, como de costumbre, y de vez en cuando usaba también la diestra para cascarsela a dos manos. Enfrente estaba Luis, que se la cascaba con los ojos cerrados, y centraba todos sus esfuerzos en la parte superior. Un poco más allá estaba Carlos, que empleaba la técnica con la que había empezado Unai: dos dedos rodeando el capullo, y a subir y a bajar la piel a toda leche.

Fue precisamente Carlos el siguiente en correrse, pero tuvo que anunciarlo o su eyaculación hubiera pasado desapercibida. Un pequeño chorro blancuzco quedó pegado en su mano, pero fue suficiente prueba para demostrar que había acabado.

-¡Venga tíos, que el que pierda me la chupa! –Gritó David, mientras salía de las duchas para ir a vestirse. Desde los bancos se veían perfectamente las duchas, así que Iván y Carlos estaban vistiéndose mientras también veían el final de la competición.

Luis no andaba especialmente inspirado aquella tarde. Seguía echando de menos a Sandra, y después de haber follado, lo de las pajas con amigos no tenía mucho sentido. Encima Marta no parecía tener mucho interés en el sexo, por lo que el panorama no era muy esperanzador. Trató de centrarse en recordar lo de Dublín, en su primera vez con Sandra, y cerrando los ojos se pajeó pensando en ella.

A Miguel no le quedaba mucho, aunque había bajado el ritmo cuando Iván y David se habían corrido, no iba precisamente despacio. Le gustaba pajearse deprisa, aunque cuando podía se dedicaba un poco más de tiempo. Incluso más de una vez había aprovechado su gran tamaño y su flexibilidad para acompañar su paja con la boca, aunque en público ni siquiera lo había reconocido por miedo a que pensaran cosas raras. Apenas llegaba a tocarse el capullo con la lengua, pero la sensación era bastante agradable.

Todos le miraban, como esperando una corrida descomunal, pero no tardaron mucho en comprobar que no existía relación directa entre el tamaño de su polla y la cantidad de su corrida. Sin decir nada, comenzó a correrse. Un par de chorros salieron de su desproporcionado rabo, dando paso a unas cuantas gotas de lefa que se mezclaron con el agua de la ducha. Se limpió un poco y se fue también a los bancos a vestirse.

Solo quedaban Unai y Luis, que aunque no se jugaban nada, ni les preocupaba demasiado el asunto, tampoco tenían ningún interés en perder. Unai le miró como tratando de decirle algo, pero con todos mirando no podía explicarle la táctica que solía llevar a cabo con Miguel cuando se pajeaban con los del equipo cuando se quedaban atrás. Habían acordado esperarse el uno al otro, y así, corriéndose a la vez, no perder ninguno. Con Luis iba a ser más difícil, puesto que no estaba al día. Decidió esperarle de todos modos, así que debería estar atento a sus reacciones.

No debía quedarle mucho, a juzgar por su cara. Luis tenía los ojos cerrados, y se pajeaba deprisa, como tratando de acabar a toda prisa. Agarró con la mano izquierda sus huevos, como le había hecho Sandra, se los acarició al tiempo que se la cascaba con la derecha. Unai tomó nota, aquello no lo había probado. Cuando notó que Luis estaba a punto, aceleró el movimiento de su mano. Había estado aguantándose un buen rato, pues sabía que así disfrutaba más, pero había llegado el momento.

Frente a frente, aunque mirándose de reojo, ambos se corrieron con tan solo unos segundos de diferencia. Unai soltó tres o cuatro chorros bastante potentes, mientras que Luis a duras penas soltó algo de semen. Definitivamente, no tenía demasiadas ganas.

-¿Bueno que, quien ha perdido? –Dijo Carlos.

-Yo creo que ha habido empate...-Exclamó Miguel mirando a Unai con complicidad.

-Pues si, nos hemos corrido a la vez. –Dijo éste, dirigiéndose a Luis.

-A mi me da igual, que queréis que os diga... -Luis no estaba de humor aquella tarde.

-Oye, esto hay que repetirlo, ¿cuándo os vais a volver a pasar? –Preguntó David a Unai.

-Pues no se, dadme algún móvil y os llamamos para echar otro día la revancha...

No muy lejos de allí, en la puerta del polideportivo, Marcos iba ya por el tercer cigarro. Confiado de que su madre no se enteraría, le había quitado un paquete de Marlboro que se había dejado a medias en el bolso. Después de lo que había pasado con Yussef, raro era el día en que no se fumaba a escondidas unos cuantos cigarros. Era la mejor forma que tenía de canalizar la tensión que le había provocado aquel encuentro. Se había arrepentido mil veces de haber vuelto al gimnasio, pero ya no cometería ese error. Lo mejor era no volver a cruzarse con Yussef en una temporada, y dejar que el tiempo volviera a poner las cosas en su sitio.

-¿Tienes fuego? –Preguntó una voz familiar.

-Si... –Contestó Marcos, encontrándose a un metro de la última persona del mundo que hubiera querido encontrarse.

-Ya hacía tiempo que no nos veíamos... ¿Qué tal todo? -Dijo con cierta malicia Yussef.–Espero que estés mejor...

-Déjame en paz tío, no quiero movidas.

-Ni yo tampoco, pero no me gustan las calientapollas. A ti te gusta que te hagan cosas, pero no que tengas tu que hacerlas, y eso es muy egoísta, ¿sabes? –Susurró Yussef, aunque su tono sonaba bastante amenazador.

-Mira tío, yo ya te dije que eso no me gusta y no me hiciste caso, así que paso de tus historias.

-Lo que tu digas, chaval, pero no te pienses que me voy a olvidar. Algún día vamos a repetirlo, ya verás...

-Que no tío, que paso de volver a quedar contigo. A mi no me van los tíos, ¿sabes?

-¿Qué dices, que yo soy maricón? –Dijo Yussef al tiempo que empujaba a Marcos contra la pared.-Retíralo o te meto de hostias.

-Joder, que yo no he dicho nada. Haz lo que quieras, pero déjame tranquilo...

Por suerte, la puerta del pabellón se abrió, y resultaron ser David, Luis y los demás.

-Bueno Marcos, yo me voy ya. Ya nos veremos, y acuérdate de lo que te he dicho.-Dijo Yussef en un tono amistoso nada propio de él.

-¿Ese quien es, él que os pasa costo? –Preguntó Unai, que se había puesto al día hablando con David mientras se vestían.

-Que va –Dijo Marcos.- Es un chaval que va conmigo al gimnasio. Bueno, que iba, porque ya me he borrado.

-¿Y eso? –Preguntó David.-Estaba por apuntarme contigo después del verano...

-Nada, es que es un poco caro. ¿Dónde vais a ir? Es que estoy por irme a casa, que esto de estar recién duchado y con la ropa sudada es un poco asqueroso... ¿Qué opinas David?

-Pues si eso nos vamos a cambiar y quedamos después de cenar... ¿A las diez y media en mi plaza?



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