Habían pasado un par de días desde que se había quedado a dormir en casa de Carlos, pero Jaime no había dejado de darle vueltas. En pocos días, se había hecho pajas con Marcos y con Carlos, y en el fondo tenía miedo de que el pequeño del grupo llevara razón y aquello fuera de maricas. Llegó a la conclusión de que aquello había pasado y ya está, pero que no tenía que repetirse.
Por si fuera poco, otro............ problema le atormentaba desde hacía ya algún tiempo. Hacía un par de años que le obligaban a ducharse después de las clases de Educación Física, y en ese tiempo había podido comprobar como los chicos de su clase dejaban atrás la infancia y se adentraban en la pubertad. La mayoría lucían orgullosos los aparatos que no paraban de crecer, pero Jaime se estaba quedando atrás. Le estaban saliendo pelos, sí, pero su polla apenas había experimentado ningún crecimiento. Además, que aquello iba a peor. Según había podido ver en las revistas de Carlos y en la peli de Luis, los mayores tenían unas pollas el doble de grande que la suya. A sus amigos les había empezado a crecer, pero él seguía teniéndola como hacía cinco años.
Se había atrevido a contárselo a Marcos el día de la piscina, pero su explicación no le había convencido mucho. Seguro que a su edad la tenía más grande, pero no quería decírselo para no asustarle. Algo tenía que hacer, estaba a punto de cumplir los 14 y se le pasaba el tiempo. Como no le creciera rápido no iba a poder follar nunca, las tías se reirían de él y sus amigos le dejarían por picha corta. Iba a ser su fin.
Necesitaba hablar del tema con alguien, pero no sabía con quien. Sus amigos descartados, Marcos no le había ayudado y los demás se reirían de él. Su padre tampoco, siendo tan estricto como era le hubiera soltado dos hostias antes de que terminara de hacer la pregunta. Estaba claro que a su madre no se lo iba a decir, bastante corte le daba ya que entrara en su cuarto cuando se estaba cambiando como para hablar de estos temas con ella.
Se estaba duchando mientras estas ideas pasaban por su cabeza, pero un ruido interrumpió su razonamiento.
-¡Jaime! ¡Date vida tío, que me tengo que duchar yo también!
Era Jorge, su hermano mayor. Tenía 16 años, y compartía clase con Luis en el colegio de pago al que asistían. La natación había conseguido borrar esos michelines que ahora lucía Jaime, pero seguía siendo de complexión fuerte. Las chicas no eran su fuerte, pero hacía lo que podía. Solía discutir a menudo con Jaime, pero a la hora de la verdad siempre le había ayudado en lo que había podido. Si alguien quería pegar a Jaime, allí estaba él, o si necesitaba un trabajo para el instituto no dudaba en echarle una mano.
Era el candidato perfecto para preguntarle sus dudas. Hacía años que no se veían desnudos, ya que desde que Jorge entró en la pubertad habían sido pudorosos, pero seguro que podía aconsejarle. Al fin y al cabo eran hermanos, se suponía que compartían muchos genes de esos, y tendrían que crecer más o menos al mismo ritmo. Quizá Jorge a su edad había pasado por lo mismo.
Se enroscó la toalla y avisó a Jorge para que entrara al baño. No sabía si ese era el mejor momento, pero tenía que intentarlo. Jorge entró atropelladamente, sin camiseta y con la ropa limpia en la mano.
-Venga tío, sal fuera a terminar de vestirte. ¿O que pasa, que quieres verme la polla?
Aquel comentario frenó en seco sus aspiraciones. No, no era el momento. Salió del servicio y se vistió en su cuarto, no sin antes observar durante un buen rato su insignificante pene. Oyó como Jorge salía de la ducha, y se metía en su cuarto, como siempre con la música a tope. Estaban solos en casa, así que no tenía que preocuparse de si molestaba o no.
Jaime no podía esperar más, así que tomó aire, y se dirigió a la habitación de su hermano. No le gustaba que le molestaran, pero no le quedaba otro remedio.
-Jorge, ¿puedo pasar? –Dijo desde la puerta.
-¿Qué coño quieres?
-Es que tengo que preguntarte una cosa. ¿Tienes un momento?
-Venga pasa. ¿Qué es, algo de chicas? –A Jorge comenzaba a interesarle el tema.
-Bueno más o menos. Oye, ¿te importa que quite la música? Es que así no me centro.
-Tu mismo. A ver, ¿qué me tienes que preguntar?
-A ver, es que resulta que últimamente me he estado fijando, y cuando estoy en las duchas del instituto, pues...
-¿Qué pasa, que se te ha empalmado viendo a otros tíos? Bah, no te ralles, a mi me ha pasado alguna vez, y te digo yo que me ponen más las tías que a un tonto.
-No, no es eso. Es que resulta que como estamos desnudos en las duchas pues me pongo a comparar, y soy el que la tiene más pequeña.
-Jajaja, anda, que vaya problemas te buscas, tío...
-Joder, no te tenía que haber dicho nada, para que te rías de mi. Menudo gilipollas...
-Venga tío, que no me he reido de ti, es que me ha hecho gracia. O sea, ¿qué tus compañeros de clase la tiene más grande que tu?
-Si, y mis amigos, y los tíos de las películas...
-Joe tío, pero las pelis son las pelis. Son actores porno y están ahí porque la tienen así de grande. ¿Pero que te crees, que todos la tenemos así? Ojalá, pero ni de coña. Pero tampoco es que haga falta. Es lo que se dice siempre, es mejor tenerla pequeña y juguetona.
-Ya joer, ¿pero y mis amigos? Ellos también la tienen más grande.
-Claro, coño, porque son más mayores que tu. Si te vas hasta con gente de mi clase, tío. No esperarás encima tenerla tu más grande que ellos...
Las explicaciones de Jorge comenzaban a convencerle. A lo mejor no todo el mundo la tenía tan grande como los de las películas, pero eso no quitaba para que los de su clase, que tenían casi todos su misma edad, también la tuvieran más grande.
-¿Y los de mi clase? Esos tienen todos mi edad, menos un par de ellos que son repetidores.
-Yo que se, tío. Se habrán desarrollado antes que tu, o lo que sea. ¿Te han salido ya pelos en los huevos?
-En los huevos casi no tengo ninguno, pero por arriba si tengo algunos.
-Pues entonces es eso. Vas con un poco de retraso, pero ya verás como te acaba creciendo. Además, ¿cuánto te mide? ¿Te la has medido?
-Que va.
-Pues toma, pilla una regla y mídetela a ver.
-¿Aquí delante tuya? –A Jaime le daba algo de corte desnudarse delante de su hermano, pero todo fuera por ver si era normal o no.
-Si tío, ni que fuera la primera vez que te veo en pelotas. Además, así te digo más o menos como la tienes.
Tras unos segundos de reflexión, Jaime comenzó a bajarse el pantalón corto y los calzoncillos que llevaba puestos. No estaba empalmado, así que su rabo era bastante discreto.
-A ver, pues me mide 8 con 2 centímetros. ¿Salió en la tele que la media eran 13, no?
-Si, gilipollas, pero la polla se mide cuando está empalmada, así no haces nada.
-Ya tío, pero es que ahora no estoy empalmado, y contigo delante, pues como que no.
-Joder, pues cáscatela un poco hasta que te empalmes, que hay que explicártelo todo...
-Venga ya, tío. Aquí delante tuya no, que eres mi hermano.
-¿Y que? Tampoco me voy a cortar yo ahora. Mira, hacemos una cosa, me la casco un poco yo también y así estamos en paz, ¿te parece? Además, así comparas...
-Bueno, no me hace mucha gracia, pero vale.
Jorge se quitó la toalla que todavía llevaba puesta y se quedó completamente desnudo. Estaba desempalmado, pero su polla no era mucho mayor que la de su hermano. Los huevos eran más gordos y tenía mucho más vello, pero su rabo no era gran cosa.
-¿Qué, te convences ahora? ¿No ves que las tenemos casi iguales y soy mayor que tu? –Dijo mientras comenzaba a acariciarse.
-No se tío. Ahora cuando se me empalme te lo digo.
No tardaron demasiado en empalmarse, la situación, aunque algo incomoda, tenía su morbo. Jaime fue el primero en medirsela, con un resultado de 10 centimetros y poco. Jorge cogió la regla, y por más que trató de pegarla a su cuerpo, fue incapaz de dar un resultado mayor de 11,5 cms. Estaba por debajo de la media, pero a él le bastaba.
-¿Ves como no la tienes tan pequeña, cabezón? Tienes dos años menos que yo y casi la tienes tan grande como la mía. En un año me superas, fijo.
-Puede ser, tío, yo que se... ¿Pero estás seguro de que eso les da gusto a las tías?
-Ah, pues eso ya no te puedo decir, porque de momento, casto y puro. Pero vamos, un colega mío que la tiene un poco más grande que yo se ha acostado con un par de pivas y dice que de puta madre. Por cierto, ya que estamos yo me la voy a terminar, que llevo un par de días que no me hago ninguna...
-Pues nada, yo me voy a mi cuarto y me la acabo allí también.
-¿Qué dices tío? Ya que estás quédate y nos la cascamos juntos, que me hace gracia hacerme un pajote con mi hermano pequeño.
-Bueno va, me da cosa, pero bueno.
-¿Cosa por qué? Tu hazte una paja y ya está, como si yo no estuviera. Además así veo si lo haces bien o no.
Jorge terminó la charla y comenzó a pajearse a un buen ritmo. Jaime dudó, pero acabó haciendo lo mismo. Cerró los ojos y se puso a recordar la película de casa de Luis, pues aquella situación no le excitaba nada. Jorge, por el contrario, aprovechó para observar a su hermano pequeño. Desde la última vez que le vio desnudo había pasado mucho, y aunque conservaba su cuerpo rollizo, ya era todo un hombrecito. No es que fuese el David de Miguel Ángel, pero tenía su morbo. Además, era su hermano pequeño y aquello añadía mucho morbo a la situación. No estaba en condiciones de intentar nada, "por Dios, que es mi hermano", pero a veces lo prohibido es lo más excitante.
Los dos hermanos se la cascaban a un buen ritmo, Jaime porque quería acabar deprisa y Jorge porque estaba muy excitado. De vez en cuando, Jaime echaba un vistazo a su hermano mayor, la tenía algo más grande que él, pero nada comparado con lo que había visto en las películas y en las revistas. Aquello empezaba a tranquilizarle, si su hermano que era más mayor no estaba preocupado es que no era un gran problema. Empezó a relajarse un poco y comenzó a cascarsela con más tranquilidad. Procuró centrarse en el capullo, con un par de dedos como lo había hecho Carlos el otro día. No daba el mismo gusto hacérselo uno mismo, pero tampoco estaba mal. Por un instante pensó en decirle a su hermano que era mejor que te la cascase otra mano, pero pronto apartó la idea de su mente.
Jorge, aunque disimuladamente, no apartaba la vista de su hermano pequeño. Alguna vez se la había cascado con algún amigo viendo una película, pero no era ni mucho menos lo mismo. Aquello era casi por necesidad, pero esto era puro morbo. Su hermano le había consultado una duda y él le había incitado a hacerse una paja delante suya. Todo lo que tenía de extraño y prohibido lo tenía también de excitante.
Observó el método que empleaba Jaime, el mismo que él usaba a su edad. Un par de dedos rodeando el glande y de arriba abajo a toda leche. Con el tiempo él había ido perfeccionando su técnica, y ahora la que más usaba era la que estaba en ese mismo instante. Se la sujetaba rodeándola con la palma de la mano y movía su muñeca de arriba abajo, haciendo alguna parada de vez en cuando para prolongar más la paja. Aquel día estaba haciendo más pausas de lo normal, no quería correrse hasta que no lo hiciese su hermanito.
A Jaime no le quedaba demasiado. Desde que Carlos le descubriera la otra noche aquel nuevo método, tardaba mucho menos. Cada vez movía su mano más rápido, y comprobó que su hermano hacía lo mismo.
-¿Te queda mucho? –Dijo de pronto Jorge sin dejar de masturbarse.
-No creo. ¿Y a ti?
-Tampoco. Oye, tu ya te correrás, ¿no?
-Si tío, no mucho, pero algo me sale sí. Ahora lo ves.
-Yo hasta hace un año o así casi no me corría, así que me llevas ventaja. Joder, me voy a correr... Mira, verás como te vas a correr tu dentro de nada.
Antes de terminar la frase, un par de chorros espesos se estrellaron con su vello púbico. Siguió un poco más, hasta que se formó un pequeño charco blanco en medio de un bosque negro y rizado. Se notaba que hacía varios días que no se hacía una paja, no solía soltar tanta cantidad.
-¿Has visto? ¿A ti te sale así o más liquido?
Jaime ni siquiera contestó. Estaba a punto de correrse, y no tenía ganas de charla. Cerró los ojos y aceleró un poco. Un goterón blancuzco brotó de su polla y resbaló hasta pararse en los pocos pelos que tenía en los testículos. Era algo más espeso que otras veces, pero menos cantidad. La paja que se había hecho por la mañana se notaba.
-Bueno tío, no está mal. –Dijo Jorge cuando Jaime se dio por vencido. –No es mucho, pero ya te corres.
-Si, eso si. Hace un año o así me empezó a salir como agüilla cuando terminaba, y ya me va saliendo más espesa. ¿Tu crees que con esto puedo dejar embarazada a una chica?
-Que cabrón el enano... Tu por si acaso no hagas la prueba, no vaya a ser que tengamos un disgusto.
-No ya, si tu tranquilo, que de momento no me como un rosco.
-¿Y que te crees, que yo si? Las tías de mi edad se van con los de 20, que tienen coche, pelas... Y mientras los tíos a matarnos a pajas.
-Pues nada, líate con alguna de mi edad a ver...
-Que dices tío, tampoco estoy tan desesperado. Además, que no soy un asaltacunas.
-Tu mismo...
-Bueno venga, hermanito, vamos a vestirnos que como llegue papá y nos vea así se va a pensar cosas raras. Tu de todas maneras no digas nada, que luego la gente es muy gilipollas.
-Ya Jorge, que no digo nada. Cualquiera, seguro que se piensan que somos maricones por hacernos una paja juntos.
-Pues eso. De todas maneras, podemos repetir alguna vez, que a mi las pajas normales ya me aburren.
-Por mi vale, mientras que no haya nadie en casa.
-A ver si algún día me dejan mis colegas alguna peli porno y te la enseño, que seguro que no has visto ninguna.
-Pues no- Jaime no tenía ganas de dar explicaciones. Además, temía que si le decía que ya había visto alguna no se la pusiera. –Tiene que estar bien, cuando la tenga me avisas...