Después de una noche de calor asfixiante, sudor y paqueos dispersos por las calles, por fin, amanece en Madrid.
Antonio sale del duermevela en el que se encontraba y se levanta de la cama, lo primero que ve como cada mañana son las manchas de sangre que dejaron en la pared los dueños de la casa,,................ cuando fueron liquidados. Cuando lo hizo no pensó en que luego todo quedaría sucio, debió hacerlo fuera.
Se planta las botas y agarra el fusil. \"Otro día, otra lucha\", piensa para si mientras ata en su cuello el pañuelo rojo y negro y baja la escalera para salir a la calle.
Saca de su camisa unas cerillas y un cigarro y con un gesto ya automático empieza a fumar mientras camina a paso lento, intentando despertarse del todo.
-Camarada!
Antonio gira sobre sus talones y se encuentra con una cara conocida, fue amigo suyo en el colegio, pero su cara ya no era la misma. Como la de tantos otros estaba envenenada con el odio.
Mientras hablan siguen caminando, a esas horas poco mas había que hacer, los \"paseos\" no empezaban hasta entrada la tarde.
En el suelo ve un papel, se agacha a por el y lo mira con detenimiento. Es un vale, como tanto otros que pululan de mano en mano. En este pone \"Vale por una dormida con una mujer fascista\".
En su cara se dibuja una media sonrisa, aquella noche lo cobraría en la cárcel mas cercana. Se despidió de su compañero y se fue a comenzar otra jornada mas de saqueo en las casas de los derechistas.
El día paso rápido, como casi todos y pronto empezaron a verse las primeras parejas con un hombre (o una mujer) detenida que salían hacia las afueras. Cada vez empezaban antes.
Coje rumbo a la cárcel y después de un par de \"Camarada su documentación!\" llego sin mas incidencias.
Enseño el vale a un par de hombres armados con fusiles como el suyo en la puerta.
-Vaya suerte, ese vale es de lo mejorcito. Puedes entrar y elegir a la puta fascista que prefieras. Hazle lo que quieras y si cuando acabas le das el paseo mejor para nosotros.
Entro. Los pasillos estaban apenas iluminados, pero enseguida empezó a ver las celdas donde agazapados como animales esperaban su momento hombres, mujeres y niños.
Iba despacio, mirando bien a todas las mujeres que había como quien mira las piezas en una carnicería.
Un camarada con las llaves iba detrás de el y solo pensaba en que no escogiera a la rubia tetona, esa seria para el esa noche.
Antonio se fijo entonces en una chavala de unos 16 años, morena, con los ojos verdes que miraba al suelo sentada al lado de una señora que suponía seria su madre.
La señalo y el hombre abrió la puerta. Entraron ambos y Antonio, colgándose el fusil para que fuera más cómodo, agarro a la muchacha para sacarla de la celda.
La madre chillo desesperada, la chica comenzó a llorar y a rezar pidiendo que por favor la soltaran. Un golpe de culata en la cabeza callo los gritos de la madre.
Atada y amordazada, la chica fue sacada de la cárcel a empujones. Los que montaban guardia en la puerta no hicieron más que guiñarle un ojo.
La condujo por las calles llevándola hacia las afueras de la ciudad, la noche había caído ya y los disparos dispersos indicaban donde se estaban produciendo \"ajusticiamientos\".
Llegaron a un lugar que parecía mas o menos propicio para aquella noche. Había un coche, robado obviamente, que después de haber sido usado para a saber que cosas, lo abandonaron ahí.
Le quito la mordaza a la chica, pero dio igual, solo podía llorar y gimotear, la verdad que no le importo, así le excitaba más.
La tiro en el capo del coche dejándola boca abajo levanto su falda para descubrir unas braguitas de algodón y encaje con su liguero y sus medias, como se notaba donde había dinero.
Antonio busco en sus bolsillos y saco una navaja con la que rajo las prendas de la joven.
Pudo ver unas nalgas firmes, y un poco mas abajo una mata de bello bordeando la entrada a su vagina, si no ha sido violada antes seguramente seria virgen. Ahora lloraba con mas fuerza.
-Llora zorra, cuanto mas grites mas caliente me pongo.
Abriendo su mono azul de trabajo y con el fusil aun al hombro saco su pene, duro y deseoso ya del cuerpo de la jovencita.
Se coloco firme detrás de ella, noto que las piernas de ella temblaban esperando el momento.
Intento penetrarla de golpe, pero estaba tan seca que no podía entrarle. Forzó aun mas y en la oscuridad solo se escucharon los gritos de una violación.
La sangre manchaba ambos cuerpos, se retorcían, uno de placer y la otra de dolor.
Antonio seguía bombeando en el cuerpo que entre gritos y convulsiones. Giro a la chica, dejándola boca arriba con las piernas abiertas y manchadas de sangre, le rompió el vestido dejando ver unos pechos jóvenes, firmes, pequeños y de pezones oscuros.
-Sabes que esta es tu ultima noche, yo que tu disfrutaría cerda fascista.
Siguió penetrándola solo que ahora ya no chillaba, ladeo la cabeza mirando al infinito llorando. Ya no sentía el dolor en su vagina ni los pellizcos en sus pechos, tampoco sus manos atadas a la espalda aplastándose con su peso.
Para Antonio si no gritan perdía la gracia así que levanto las piernas y decidió sodomizar a la joven a ver si así conseguía algún grito de dolor.
La sangre sirvió para lubricar el ano hacia donde el pene del hombre se dirigió sin perder tiempo.
Notaba las paredes ensancharse un poco con cada empujón, haciendo un autentico esfuerzo logro meter algo mas de la mitad de su polla dentro del culo de la chica.
Lo consiguió, entre llantos y gritos desesperados la chica se retorcía pidiéndole que parase.
Ahora si consiguió excitarse y no tardo mucho en correrse dentro del culo de aquella chiquilla que no podía parar de gritar y pedir clemencia.
Salio de su cuerpo dejando salir mas sangre y semen manchándolo todo.
Antonio se arreglo la ropa, escuchando sollozos a su espalda. Encendió un cigarrillo y girándose agarro del pelo a la chica y la obligo a ponerse de rodillas.
-Cuéntame lo que quieras, en cuanto me termine el pitillo estarás muerta.
Con la voz rota y las lágrimas rodando por sus ya empapadas mejillas pidió clemencia una vez más.
Aburrido de la misma cantinela, la tiró al suelo de un empujón. Le abrió las piernas y apuntando con su fusil a la vagina, disparo.
El cuerpo quedo ahí, al lado del coche, mientras el hombre volvía silbando a la ciudad.